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Vejer, la niña mimada del Sur

  • Excelente reportaje sobre Vejer por Jesús Cañas en El País

Sí a la cal, no al gres. Sí al almagre, no al albero. En la localidad gaditana los detalles importan, por eso pertenece al club de los pueblos más bonitos de España. De los hoteles con encanto a la gastronomía local. Y un baño en El Palmar

Escrito por  9 SEP 2016 - 00:00 CEST
Encuentra el árticulo original aquí en pdf Vejer, la niña mimada del Sur

 

 

Ubicada a 200 metros de altitud, su posición ya fue codiciada por tartesios, romanos y árabes. Hoy sus 12.812 habitantes presumen de ser un pueblo amurallado con calles de trazado sinuoso y deslumbrante arquitectura popular. A Vejer le llueven desde hace muchos años los reconocimientos por el mimo con el que trata su herencia cultural. De fulgurante encalado en sus fachadas, ubicado en un alcor a nueve kilómetros del mar, pertenece a la red de los 44 pueblos más bonitos de España (club de calidad que, desde mayo, forma parte de la Federación Internacional de Los Pueblos Más Bonitos del Mundo). Un sello que premia belleza, cultura, tradiciones y el cuidado de sus habitantes.

Encalado primaveral

Fue su presencia en lo alto de un cerro y alejado de la costa la que mantuvo alejada a Vejer de las garras del boomurbanístico. Mientras que en la playa de El Palmar (en el mismo municipio) abundan las construcciones ilegales, en el casco histórico se mira con lupa cada piedra que se mueve. “El pueblo ha vivido siempre de espaldas al mar, más pendiente del campo”, como reconoce Daniel Sánchez, concejal de ordenación del territorio. Mientras que en otros puntos de la costa se lanzaban a construir nuevas promociones, el vejeriego seguía en sus casas tradicionales, las mismas que cada primavera encalaba, escalera en ristre y pinceleta en mano.

Ese mimo encontró un aliado en Antonio Morillo, que empezó como alcalde con la UCD en 1976 y se mantuvo en el cargo hasta 1991. Tras él, todos los regidores siguieron su estela, con ordenanzas y planes protectores que han dado sus frutos. “Sin importar color político, todos hemos seguido la misma línea”, explica el propio Morillo. Aunque a él le tocó lo más difícil, arrancar. Recuerda cómo convenció a los vecinos para retirar todos los zócalos de losas de gres de las fachadas o cómo compró varias viviendas para derribarlas y dejar a la vista la muralla.

Morrillo fomentó que se mantuviera el blanco de las casas: “La arquitectura popular andaluza viene de la naturaleza, cal y almagre. Esos son los colores de las fachadas y puertas de Vejer”. Desde la lejanía, tan solo las murallas, el castillo y la iglesia del Divino Salvador (una interesante muestra de gótico-mudéjar) sobresalen con su piedra vista. Eran las mujeres las que generalmente se encargaban del encalado. Para que el tesón de los vecinos no se pierda, el Ayuntamiento sigue publicando hoy el bando de pintura de fachadas y exonera del pago de licencias municipales al que pinte en primavera.

Es solo una de las medidas que tiene Vejer para proteger su impresionante herencia. El concejal Daniel Sánchez enumera más: no está permitido sacar a la vista las piedras de los sillares, y las ventanas deben medir el doble de alto que de ancho para garantizar su forma rectangular y no pueden tener dinteles de color o tambores de persiana. Además, se recomienda que no se pierda la solería antigua de Tarifa en los zaguanes y que la carpintería de puertas y ventanas sea de madera pintada de almagre.

Ordenamiento

Se intenta que todo quede regulado por las ordenanzas municipales y por una declaración de protección del conjunto histórico. Y a la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía se une un consejo local de patrimonio del que participan vecinos como Morillo. “Incluso organizamos charlas formativas con constructores y ferreteros para pedirles que no vendan colores que no están permitidos en el pueblo”, explica Daniel Sánchez. Ahora, la guerra está declarada a quienes pintan las azoteas con caucho rojo. “Pedimos que sea blanco, ya que hacen muchas fotos aéreas del pueblo y no queremos que desentone”, explica.

“Vejer es un caso raro debido a la protección que tiene. Los arquitectos municipales, ayudados por los alcaldes, han sido tradicionalmente especuladores, y aquí no ha sido así”, comenta Alberto Campo Baeza, un arquitecto gaditano que tiene en el blanco de las casas que construye uno de sus signos distintivos. “Su alcalde es coherente porque es estricto con todos por igual”, añade. “Vejer está cuidada como una niña mimada: limpia, conservada y valorada”.

450 macetas

Pero nada sería posible sin los vecinos, y si no que se lo digan a Manuel Crespo. Cada dos días, riega las 450 macetas que engalanan los patios de la Casa del Mayorazgo, donde vive. “Es fundamental conservar el casco histórico”, argumenta. Por eso, a sus 78 años, está encantado de enseñar la casa de vecinos, datada en el siglo XVIII y adosada a la muralla. Él mismo se ha encargado de encalar los patios, enlucir sus columnas y parte del torreón del Mayorazgo.

Noches califales

El escocés James Stuart y la vejeriega Regli Álvarez abrieron en 2001 el primer hotel con encanto del pueblo, La Casa del Califa. Al poco le incorporaron un restaurante y hoy el establecimiento ocupa toda una manzana. Los propietarios han ido rehabilitando casas tradicionales que se van sumando al conjunto, sin alterar su fisonomía y conservando detalles singulares como suelos o viguería. “Recuerdo cómo, al principio, la gente cuchicheaba sobre qué era lo que estábamos haciendo”, dice Regli Álvarez entre risas. Hoy son más de seis los pequeños hoteles con encanto, la mayoría abiertos por extranjeros afincados en Vejer. Entre ellos destaca también Casa Shelly o el Hotel V.

'Second wind', obra de James Turrell en la Fundación de Montenmedio, en Vejer de la Frontera.

James Turrell

Otro de los grandes atractivos de Vejer está a las afueras, donde se encuentra la Fundación NMAC de la Dehesa de Montenmedio (en el kilómetro 42,5 de la N-340), un museo de arte contemporáneo en plena naturaleza con más de 40 obras site-specific(concebidas para un enclave concreto) de artistas como Olafur Eliasson, Marina Abramovic, Adel Abdessemed, Pilar Albarracín, Maja Bajevic, Maurizio Cattelan, Sol LeWitt o James Turrell. La obra de este último, Second Wind 2005, se ubica bajo el nivel de la tierra en una stupa de piedra rodeada de agua en la que el espectador asiste a un juego constante entre la luz y el espacio.

Conscientes de que es su momento, el Ayuntamiento de Vejer ya prepara un nuevo plan de protección del casco histórico, trata de fomentar que los jóvenes vivan en su interior y, entre otros detalles, se propone regular las pérgolas de las azoteas y las terrazas de los bares. Paso a paso. Todo sea por la pulcritud de las abuelas vejeriegas que cada primavera encalaban Vejer con sus propias manos. Morillo lo resume con claridad: “Tan solo somos herederos de lo que ellas hacían, el mérito es suyo”.

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