Las Alhajas del Califa, amor por la artesanía local

 

En el Califa apostamos por el producto de proximidad. Ponemos en valor el trabajo y la cultura local. Por ello, contamos con artesanos y proveedores de la zona. Campesinos, cesteros, pescadores, pintores, carniceros y así, hasta un largo etcétera. Y es que mimamos hasta el último detalle, para ofrecer la más auténtica experiencia a nuestros clientes, desde que llaman para hacer una reserva en uno de nuestros hoteles o restaurantes, hasta que hacen el check-out y deciden llevar consigo un trocito de nosotros. Una ‘Alhaja del Califa’. Porque aquí todo es una obra de arte y todo tiene una historia que contar.

 

 

Algunas piezas de la colección.

 

Seguro que en más de una ocasión se te han ido los ojos hacia nuestra vitrina situada en la recepción del Hotel La Casa del Califa. En este espacio lucen las piezas artesanales diseñadas por el joyero Rafael Sánchez, desde cuyo taller, situado en Vejer a pocos metros del Califa, salen encargos hasta para el mismo Vaticano.

 

El artista es el autor de la propia línea de joyas del Califa. “Un producto de calidad, con buena imagen, sencillo, atractivo y a buen precio”, explica el artesano. Desde 20€ puedes adquirir una de las piezas, hasta un máximo de 60€. Pulseras, pendientes, collares, anillos… hay variedad para todos los gustos.

 

 

Las Alhajas del Califa.

 

Todo surgió hace tres años. “Pensé que el Califa necesitaba su propia colección, que le diera vida a la vitrina del hall del hotel. La restauramos, buscamos una imagen corporativa para las ‘Alhajas del Califa’. La palabra alhaja viene del árabe por lo que me pareció perfecto”. 

 

“En la joyería encontramos diversos campos: el que diseña; el que realiza la joya en cera, que es el original; el fundidor; el sacador de fuego, que es el que repasa las piezas; el engastador, que es el que pone las piedras; el pulidor, es decir, es el encargado de pulir las piezas, etc. Existen varias fases hasta que te encuentras con el producto final”. Todo empieza con un boceto informal, “que haces en cualquier parte, donde te venga la inspiración. Ese esqueleto lo vas perfilando hasta que lo haces en cera, se funde, se elabora un molde original y se sacan las piezas que queramos.”

 

 

¿Cuánto tiempo se tarda en elaborar una pieza? Por ejemplo, los palos de los deliciosos pinchos morunos de El Jardín del Califa son una de sus obras. “Desde la generación de la idea hasta que el pinchito llega al restaurante pueden pasar hasta tres semanas”.

 

 

Los pinchos del restaurante El Jardín del Califa hechos por el joyero.

 

Del mismo modo las manos de este artesano andaluz han realizado la placa que nos da la bienvenida a La Casa del Califa, junto a la H de hotel. 

 

 

Tanto la placa que luce junto a la entrada de La Casa del Califa como los tiradores de la puerta son piezas llevadas a cabo por el joyero.

 

Obra suya son también los llaveros y pulseritas para los clientes, que empleamos en ocasiones muy especiales, así como las placas identificativas del personal de recepción y el restaurante El Jardín del Califa.

 

 

Las placas identificativas del staff del Califa.

 

El perfil de cliente no está definido. “El viajero que viene por aquí se lleva muy buena impresión del hotel, del restaurante y del espacio. Cuando hace el check-out le apetece llevarse algo, una joyita que porten consigo y les recuerde a la experiencia que han vivido en el Califa y en Vejer”. 

 

Lo cierto es que para el joyero no es su primer proyecto de joyas “arabescas”.  Rafael viene de Córdoba y posee una firma que se llama Ovio, joyas de plata inspiradas en una moneda que hace referencia a la época del califato cordobés. “Son monedas que se acuñaban en Córdoba por orden de Abderramán. Sobre esa línea de joyería tengo casi 30 años de experiencia por lo que no me costó desarrollar una línea arabesca especial para el Califa”.

 

Rafael Sánchez es autodidacta. Hace más de 35 años se empezó a mover por talleres de joyería, “pero no eran talleres creativos, eran cadenas de montaje, trabajo duro y muy monótono”. Ahí empezó a ver el oficio “desde cero”. En 1996 se apuntó a una escuela de diseño de modelado en cera “y ahí empecé a darme cuenta que tenía una habilidad especial para plasmar las ideas que se me pasaban por la cabeza. Vi que tenía sensibilidad y amor por el sector. Es la diferencia de que las cosas salgan bien, el tener pasión por lo que se hace y luego saber reflejarlo en la pieza”. Descubrí que ese era mi camino “y me dediqué a montar tanto tiendas como talleres”. Hace más de 20 años creó su propia línea de joyas. A partir de ahí, “otras marcas me fueron buscando para desarrollar su propio merchandising”. Y es que desde su pequeño taller de Vejer salen encargos para clientes como el Vaticano o el chef Ángel León. “Actualmente estoy desarrollando un proyecto muy chulo en colaboración con el único escultor de la historia del Vaticano, que es el español Marco Augusto Dueñas. Él es el que me propuso desarrollar el merchandising del Papa Juan Pablo II”. 

 

 

 Algunas piezas de merchandising creadas por el artista.

 

“El Califa es el refugio predilecto del viajero que quiere descubrir ese Vejer que sabe a historia, a las huellas de una cultura perdida en el tiempo. Que quiere sentir la atmósfera morisca, presente en cada detalle, en cada rincón, en cada bocado. Se palpa, incluso, en el emblema de su identidad corporativa. La estrella ‘Rub el Hizb’ es un símbolo de origen Tartésico que Abd al-Rahman I (primer gobernante musulmán independiente de Al-Andalus) adoptó en el siglo VIII, amoldándolo a la creencia islámica, con idea de representar el paraíso y las ocho montañas que lo rodean”.

 

 

La estrella ‘Rub el Hizb’ de la identidad corporativa del Califa.

 

“La colección ‘Alhajas del Califa’, diseñada por el joyero Rafael Sánchez, pretende evocar la esencia de este pequeño oasis ubicado en el corazón de Vejer”. Es el alma de nuestras alhajas. Esos pequeños recuerdos que rezuman felicidad. Que nos dibujan una sonrisa en la cara. Que nos hacen revivir esos momentos únicos vividos en nuestro mundo mágico de las mil y una noches, como un auténtico marajá. 

 

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