Hay noches que forman parte de la memoria colectiva de un pueblo. En Vejer, una de ellas es, sin duda, la Noche de las Velas.

Cada primavera, miles de velas transforman las calles, plazas y rincones del casco histórico en un escenario irrepetible. Este año fueron cerca de 20.000 las que iluminaron el pueblo. En el Califa contribuimos con alrededor de un millar, repartidas entre terrazas, balcones, ventanas y patios. Encenderlas todas requirió varias horas de trabajo y un pequeño equipo de manos pacientes, pero el resultado mereció cada minuto.
Como explica James Stuart, CEO del Califa: “La Noche de las Velas sigue siendo una de las citas más especiales del calendario de Vejer. Durante unas horas, el pueblo parece pertenecer a otra época.”

A medida que cae la noche y se apaga el alumbrado público, las calles blancas comienzan a reflejar una luz cálida y cambiante. Las conversaciones bajan de volumen, los pasos resuenan sobre el empedrado y el pueblo adquiere una atmósfera difícil de describir.
La Plaza de España se convierte en uno de los grandes escenarios de la velada. Este año, un concierto al aire libre acompañó la iluminación de la plaza, donde miles de pequeñas llamas convivían con las palmeras, las murallas históricas y una espectacular luna llena que parecía querer formar parte del espectáculo.

Pero quizá lo más especial de esta noche no sea la cantidad de velas ni la belleza de los escenarios, sino la forma en que transforma el ritmo habitual del pueblo. Vecinos y visitantes recorren las calles sin prisa, se detienen a observar detalles que normalmente pasan desapercibidos y redescubren Vejer bajo una luz completamente distinta.
Para quienes visitan el pueblo por primera vez, la recomendación es sencilla: llegar con tiempo, encontrar una terraza desde la que contemplar el atardecer y dejar que la noche haga el resto.

Porque hay eventos que se disfrutan. Y otros que se recuerdan durante mucho tiempo. La Noche de las Velas pertenece, sin duda, a esta segunda categoría.


