Todo empezó con una pregunta sencilla: ¿Y si abrimos el Hotel Madreselva también en invierno? Y, casi de inmediato, Ana Durán, directora de los hoteles del Grupo Califa, lanzó una segunda pregunta clave: ¿Y si abrimos también un restaurante para dar servicio a los clientes en invierno y, al mismo tiempo, enriquecer la oferta gastronómica de Los Caños? Ahí empezó realmente el proyecto.
Si queríamos romper con la estacionalidad, no bastaba con abrir el hotel. “Teníamos que aportar un valor añadido y ofrecer una experiencia completa”, explica James Stuart, CEO del Grupo Califa. Ese motivo fue el restaurante Jardín de Madreselva.

Observábamos cómo la zona empezaba a tener vida más allá del verano. Más personas paseando, más viajeros buscando mar en meses tranquilos, más demanda en los pocos establecimientos abiertos. “El destino está cambiando y nosotros queríamos acompañar ese cambio”, señala James.
Abrir implicaba transformar el espacio. Mejoramos las habitaciones, reforzamos el confort para los meses frescos, añadimos detalles como el servicio de té y café en las estancias y adaptamos el hotel para que el invierno fuera confortable.
El gran reto era el espacio común. El hotel no contaba con un comedor cerrado, así que decidimos remodelar la pérgola y convertirla en un lugar cómodo para el invierno, pero abierto y ligero en verano. Flexible. Con una chimenea como centro.
En paralelo, completamos la cocina con equipamiento nuevo y tecnología ágil. Así comenzó a tomar forma el restaurante Jardín de Madreselva.

Las obras no fueron fáciles. “La lluvia retrasó la apertura y obligó a ajustar tiempos”, admite James. Y así lo hicimos.
Hoy Jardín de Madreselva, abierto a todo el público, ya está en marcha y forma parte del día a día de Los Caños. «Queríamos que fuera un lugar vivo e integrado en el destino».
El restaurante abre todos los días de 14:00 a 21:00, acompañando al cliente en cualquier momento del día: un almuerzo tranquilo, una merienda, una cena temprana o ese rato intermedio en el que apetece sentarse y tomar algo con tranquilidad.
Porque, al final, todo este camino tenía un único objetivo: estar aquí. Con la mesa puesta. Y con la puerta abierta para todos, cada día.


